sábado, 13 de marzo de 2010

Soy Leyenda I. La maldición de Barral.

Buenos días, estimados lectores.

Este nuevo apartado que abro en La Comunia Hippie lo voy a dedicar a contar historias, leyendas, chimorreos anecdóticos, y asuntos por el estilo. Siempre desde un punto de vista humorístico. Relatos ya sean tomados tanto por absurdos como por imposibles, pero siempre anecdóticos. Son esas historias que algún loco se inventó en una borrachera pos partido, tras la euforia de la victoria o la decepción de una derrota.

Tras mucho sopesar un nombre al final he optado por algo sencillo, corto, sucinto. Queridos amigos de Comunia, bienvenidos a la primera edición de Soy Leyenda.

Esta es la historia de un forofo del fútbol, con la mala fortuna de coincidir tiempo y espacio con el Sporting de Gijón de Billic y Barral.

Belarmino Álvarez, de Mieres, al sur de Oviedo, amigo de sus amigos, el que más se emocionaba en el bar cada vez que había una ocasión en el área contraria, el que siempre se cogía al Sporting de Gijón en el PES o el FIFA porque sabe que los equipos se hacen grandes por el tamaño del corazón de sus jugadores y su afición.

Reunidas tantas virtudes en un solo ser, quiso el infortunio del destino que Belarmino exhalara su último suspiro. Hombre de principios, quedan ya pocos, dejó como único testamento una nota en la que expresaba un deseo póstumo: ser enterrado con la camiseta del delantero sportinguista, David Barral.

La familia así lo hizo, sin saber que abriría la caja de Pandora de Mieres, porque a partir de ese mismo día, todo fue una espiral de oscuridad para la delantera del Sporting, en concreto para Barral. Su último gol lo anotó en Copa contra el Recreativo (10 de noviembre de 2009).

Esta leyenda recorrió toda España, a nivel de subsuelo, y fue publicada de manera discreta en algunos medios, hasta que llegó a los oídos de David Barral.

Puede que fueran coincidencias o nervios generados por la presión mediática, pero el pobre delantero, vaga desde entonces, buscando dónde fue enterrado Belarmino, para poder llevar flores a su tumba y así romper la maldición.

Por suerte, esta historia encuentra su final feliz en el partido contra el Zaragoza, el 21 de febrero de 2010, cuando Barral logra anotar, tras un robo de balón de Diego Castro, en el mínuto 93. La celebración fue solemne porque sabía que algo dentro de él había cambiado para siempre.

2 comentarios:

  1. ¡Qué grande el Sporting! ¡Y que grande Barral! Muy buena la historia José, yo la oí en la Ser a Paco González. ¿La habrá encontrado ya?

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  2. Yo creo que sí, si no nunca hubiera marcado... xD

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